Carta a Cristina Fernández. En respuesta a su discurso en la apertura de la Asamblea legislativa. Por Daniel De Santis

Carta a Cristina Fernández
En respuesta a su discurso en la apertura de la Asamblea legislativa

Por Daniel De Santis,  1º de marzo de 2014

Señora Presidenta Cristina Fernández le contesta Daniel De Santis, un trabajador de la educación jubilado que en sus treinta años dentro de un aula tuvo un alto presentismo.
Luego de escuchar su discurso en la parte dedicada a la docencia uno se pregunta: ¿Quién es el responsable, en primer lugar, de la educación: ¿El Gobierno nacional o las trabajadoras y trabajadores de la educación? O ¿El Gobierno Nacional o los sindicatos docentes?
Es el Gobierno nacional.
Ahora le voy a puntualizar algunos de los motivos que elevan el nivel de ausentismo.
La inversión actual no resulta adecuada porque: Una maestra/o de jornada simple no trabaja 4 hs y tiene tres meses de vacaciones, sino que considerando el trabajo extra aula y como promedio de toda su carrera, trabaja 6 horas y media; y como en un alto porcentaje es necesario trabajar en dos cargos sumamos 13 horas diarias, para luego dedicarnos a las tareas del hogar. Y sus vacaciones son de 50 días. En mi caso, como profesor de media, trabajaba 9 horas cátedra por día, desde las 7.30 de la mañana a las 5.30 de la tarde, para redondear un salario de subsistencia. Al salir de la escuela y hasta las 12 de la noche y los sábados y domingos; en parte dedicados a corregir, planificar y estudiar; me sumergía en la militancia guevarista, tarea que sigo haciendo.
Hay muchas compañeras que tienen estas cargas horarias y algunas más porque son cabeza de familia o el único ingreso de la misma.
Luego están las condiciones laborales. Para apreciar el grado de intensidad del trabajo de un docente, le cuento que un año tuve un curso de adultos y mi sensación, al dar esas horas, era como que estaba descansando. Estar al frente de 30 niños o jóvenes requiere una gran concentración y una gran tensión, y eso repercute en el sistema nervioso. Siendo en mi juventud obrero metalúrgico tenía que manejar unas palancas, lo que no exigía gran desgaste físico, pero el ruido en la fábrica estaba por encima del umbral de dolor, lo que hacía que al salir de allí sintiera el cuerpo como si hubiese estado hombreando bolsas o cargando canastos con arena y piedra para la mezcla de una gran losa, trabajos que también he hecho, lo que me permite comparar. Le puedo asegurar que respecto de los tres trabajos manuales referidos, en cuanto a desgaste físico, el de la educación no está por debajo sino que hay que ponerlo en el mismo nivel. Pero además:
Unas sanas condiciones de labor docente deberían consistir en un régimen de jornada simple, para aquellos que así lo requieran, con un salario que duplique el actual. Y para los docentes que tienen que sostener una familia, y por tanto requieran cargos de jornada completa (no doble jornada), deberían ganar un salario equivalente al de un obrero petrolero o aceitero.
Además están las condiciones de trabajo: Las aulas deben ser, como dice la constitución para las cárceles, sanas y limpias; también amplias, bien iluminadas, calefaccionadas, con asientos y pupitres para todos. Una reivindicación personal porque fue lo que más me afectó en todos esos años: el ambiente en las aulas no debe ser interferido por ruidos externos, los de la calle, del patio en el que se realizan las clases de educación física u otras actividades, trabajos de mantenimiento o reparación edilicia, etc., la alta contaminación sonora es muy habitual por al hacinamiento en las escuelas (es de imaginar la tortura que significaría tanto para los estudiantes como para los docentes estar encerrados en un contenedor).
La casi inexistente estructura para realizar el perfeccionamiento docente, que muchas veces se convierte en una pérdida de tiempo. La falta de material didáctico que hace que invirtamos cuantiosos recursos a lo largo de nuestra carrera, y en mi caso como profesor de física que debía dar las clases sólo con tiza y borrador (cuando había), nos fuimos convirtiendo en actrices o actores de un nivel envidiable para una Norma Aleandro o un Alfredo Alcón. Y también vacunando, sirviendo la comida, barriendo un piso, y múltiples tareas.
Seguramente habrá otras situaciones que atenten contra el sistema nervioso de los docentes que, recordemos, somos seres humanos con nuestras virtudes, y limitaciones.
Mi conclusión es que si hubiese un verdadero avance en las condiciones laborales y salariales el ausentismo, que existe, caería en picada.
Pero, ojo, que los índices de ausentismo están inflados por los ñoquis que todos sabemos que existen en gran número, pero a los ñoquis no los nombramos los docentes de base sino la autoridades políticas.
Y ya que estamos le pido a los dirigentes del Instituto de Previsión Social que no nos tengan cuatro, cinco o más años esperando para la jubilación.
Un abrazo a todas, y todos, las trabajadoras de la educación, y a vos Cristina que recuerdes cuando caminabas junto a nosotros, los guevaristas, luchando por la revolución social.

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